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TRASNSFUGUISMO EN LA ESPAÑA POSTFRANQUISTA
El transfuguismo político es aquél comportamiento (indigno, diría yo) en la que un individuo, representante popular democráticamente elegido, abandona la formación política en la que ganó su posición y engrosa las filas de un rival político.
El fenómeno del transfuguismo es un elemento muy característico del sistema político español.
El comportamiento tránsfuga podía considerarse como una aberración fruto de un sistema corrupto, fictício y oligárquico. Pero no sólo tuvo lugar en un sistema como el de la Restauración borbónica, el sistema del caciquismo, el sistema inventado por Cánovas, puesto que la traición de la que se sirve agrava la crisis de la representación política y, con ello, socava los cimientos de los sistemas democráticos actuales.
El tránsfuga es un tipo de traidor a su causa, puesto que viola la confianza de los electores que lo han votado y al partido que lo ha presentado para, con el poder que reviste dicha designación, usarlo en beneficio propio, quizás como consecuencia de una recompensa (en especie o en dinero o en posición social o vaya vd. a saber de qué manera es satisfecha esta deserción...) ofrecida por adversarios políticos para que actúen de esta guisa.
El tránsfuga, guiado por su pragmatismo y la convicción de la defensa de los derechos individuales (el los suyos propios), junto con el fin de mantener intactos los cimientos de la sociedad, rompe con quienes le proporcionaron los medios para su elección y por tanto con aquéllos que le eligieron como representante legal de la colectividad.
El tránsfuga/traidor es un actor racional que se define como "free-raider" o gorrón, que se beneficia de una infraestructura organizativa y de los recursos dedicados a la campaña electoral por el partido, asegurándose de esta forma la elección. Los costes parlamentarios, sólo consisten en dificultar su adscripción a grupos parlamentarios distintos al formado por su ex-partido, obligándole a incorporarse al abigarrado grupo mixto, con lo que dichos costes resultan mínimos.
El la España surgida del postfraquismo,
el Grupo Mixto se ha constituído, en una est ación de paso en el tránsito de un partido a otro.
En ocasiones, el free-raider/gorrón pasa a ser un ente colectivo, puesto que coaliciones electorales pueden desmoronarse en su acceso al Parlamento, tal y como sucedió con los diputados electos del Partido Demócrata Popular (PDP) y del Partido Liberal (PL) -coaligados con Alianza Popular en la Coalición Popular, y para la que resultaron ser verdaderos parásitos políticos- que constituyeron sendas agrupaciones de diputados en el Grupo Mixto, y entraron en el Parlamento, oportunidad que no hubiesen tenido probablemente de haber concurrido en solitario a la cita con las urnas. Y
gracias a estos mecanismos jurídico-parlamentarios el desertor/tránsfuga/traidor/gorrón -individual o colectivo- logra reducir los costes de su acción y aumentar las expectativas de su propio beneficio.
Este comportamiento supone una estafa política que afecta directamente al sistema político en su conjunto, en cuanto que falsea la representación.
Los partidos de izquierda se han caracterizado aparentemente por una mayor cohesión ideológica interna y un grado de disciplina mayor. Debido a sus incentivos colectivos -el fuerte grado de ideologización interna en el Partido Comunista de España o Izquierda Unida- y selectivos -ostentar el poder por parte del Partido Socialista Obrero Español durante varias legislaturas enteras y seguidas-, presentan menor número de tránsfugas.
El caso del centro-derecha, al menos hasta 1989, es radicalmente distinto, pues gran parte de sus militantes proceden de la etapa franquista. Tanto la extinta Unión de Centro Democrático (UCD) como Coalición Popular (refundada posteriormente como Partido Popular, éste sí con capacidad manifiesta de alcanzar el poder, como demostró en época de José María Aznar y ahora -diciembre de 2011- con Mariano Rajoy, ex-ministro y sucesor del anterior líder del centro-derecha español), se caracterizaron por su escasa cohesión ideológica, radicada en la composición en una coalición casi antinatura de diferentes familias políticas con más diferencias y matices que semejanzas, plasmadas en la personalidad de sus líderes (democristianos, liberales, derechistas de pro, moderados, más progresistas dentro de un orde unos, más conservadores otros...), un espacio donde todos ellos lucharon a cara de perro por el poder intrapartidista, o más bien por el liderazgo del centro-derecha español, donde las fuerzas centrífugas fueron al fin, y lógicamente, más poderosas que las centrípetas. Estas luchas provocan innumerables salidas , destacando el constante goteo de tránsfugas sufrido por la UCD durante su gobierno en minoría que le obligó -entre otras causas- a convocar elecciones anticipadas en 1982 y a afrontar la esperada descomposición.
Pero veamos los ejemplos más sonados de transfuguismo desde el fin de la dictadura y la recuperación de la democracia. Los de mayor fuste hasta las fechas en ls que escribo estas líneas (diciembre de 2011) han sido los siguientes:
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Benidorm (2009): El concejal tránsfuga del Partido Popular (PP) José Bañuls abandonó el grupo municipal popular para pasar al grupo mixto. El PSOE formalizó una moción de censura contra el alcalde de Benidorm, Manuel Pérez Fenoll (PP), quien perdió la mayoría absoluta gracias a la jugada de Bañuls. Alicante es la provincia de España donde más se registran este tipo de operaciones de las que luego se desprenden intereses urbanísticos, económicos o casos de nepotismo.
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Comunidad de Madrid (2003): los diputados autonómicos socialistas de Madrid Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, impidieron con su defección de las f  ilas del PSOE el acceso al poder del también socialista Rafael Simancas y provocaron la disolución anticipada de la Asamblea de Madrid (lo que abrió el paso a la neoliberal Esperanza Aguirre, candidata popular). Simancas nunca se recuperó de tamaño disgusto.
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Ceuta (1999): la deserción de Susana Bermúdez, miembro de la Asamblea de Ceuta por el PSOE permitió el acceso del GIL (el partido del empresario populista Jesús Gil) al gobierno de la ciudad autónoma .
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Aragón (1993): triunfa una moción de censura contra el Presidente de Aragón, el regionalista Emilio Eiroa, del PAR (que gobernaba con el apoyo del PP), gracias a los votos del PSOE, Izquierda Unida y el tránsfuga del PP Emilio Gomáriz.
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Benidorm (1991): Eduardo Zaplana (PP), alcanzó la alcaldía de la turística ciudad gracias al voto de la tránsfuga Maruja Sánchez (PSPV-PSOE), y fue el trampolín a su irresistible ascenso dentro del gobierno popular de Aznar.
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Galicia (1987): el vicepresidente de la Xunta de Galicia, José Luis Barreiro, abandonó Alianza Popular en 1986 y con otros cuatro diputados también escapados de AP creó Coalición Galega, formación que apoyó la moción de censura presentada por el socialista Fernando González Laxe, que desalojó a Gerardo Fernández Albor de la presidencia. Hasta que llegó Fraga y puso a todos en su sitio...Pues menudo es.
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