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LOS NEOCONS
Los neocons, también conocidos como idealistas, moralistas, neowilsonianos o imperialistas democráticos, son los seguidores de la posición mantenida por la doctrina del Neoconservadurismo, puesta en marcha en las últimas décadas por los responsables políticos n orteamericanos, pertenecientes sobretodo al Partido Republicano. Para esta escuela o doctrina, la política exterior está indisolublemente unida al poder militar. El neoconservadurismo mantiene que el mejor medio para garantizar la seguridad y el desarrollo de EEUU es la expansión de la democracia, los derechos humanos y el sistema de referencias estadounidense. Según esta tesis, un mundo democrático es un mundo más seguro. Pero los procesos democratizadores suelen encontrar una fuerte oposición en regímenes autoritarios, sobre los que es preciso realizar una "destrucción constructiva".
Para los neoconservadores, la democracia es un hecho irreversible y un bien en sí misma.
La postura neoconservadora promociona pues, la democracia, y los hace herederos de Woodrow Wilson, pero confía poco o nada en los organismos internacionales, a los que considera lentos e ineficaces, por lo que considera la actuación unilateral el mejor medio para conseguir sus fines.
Para los neoconservadores el capitalismo, es el sistema social y económico que mejor plasma los principios liberales a los que siempre quisieron mantenerse fieles, porque para ellos el capitalismo permite triunfar a todo el que se lo proponga y acepte jugar según las reglas comúnmente aceptadas.
En esto, los neoconservadores se aproximaban mucho a los liberales clásicos, a diferencia éstos, iban un paso más allá en la necesidad de encontrar una justificación moral al capitalismo. Para los neoconservadores, el interés propio no basta para legitimar moralmente el capitalismo.
La ll egada de Reagan al poder, tras los desastres en política exterior en Irán y Afganistán de la época Carter, supuso para los neoconservadores la implantación de una política exterior relativamente afín. Además, empezaron a obtener puestos de responsabilidad política en los Departamentos de Defensa y Estado. Perle fue Under Secretary of Defense for Policy (nº 3 del Departamento) y Wolfowitz primero tuvo el prestigioso puesto de Jefe del Policy Planning Staff del Departamento de Estado (1981-1982).
El final de la Guerra Fría supuso para los neoconservadores la búsqueda de un enemigo, puesto que la URSS de Gorbachov había dejado de serlo: ¿qué fuerzas se iban a oponer a la preeminencia americana en el mundo y a la exportación de su modelo de democracia y libertad? Su labor, también, fue oponerse a la corriente aislacionista característica de los elementos más tradicionalmente conservadores del Partido Republicano. Su compromiso para transformar el resto del mundo era irrenunciable.
La Administración de Bush padre demostró ser mucho menos afín que la de Reagan a las ideas neoconservadoras, promoviendo el Secretario de Estado James Baker y el Consejero de Seguridad Nacional Brent Scowcroft un realismo de equilibrio de poderes heredado de Kissinger.
No cabe la menor duda de que la religión judía de muchos de los neoconserva dores (Kristol, Wolfowitz, Perle, Kagan, Feith etc.) ha contribuido a sus creencias ideológicas. Sus referencias históricas están evidentemente marcadas por la Segunda Guerra Mundial y por la estrategia apaciguadora de las potencias europeas hacia Hitler. El tratado de Munich de 1938 es recordado como un acto de cobardía que no sólo agravó la guerra subsiguiente, sino que además contribuyó al Holocausto (en su mente, sin Tratado de Munich y con un ataque preventivo contra Alemania en 1938 o incluso antes, no habría habido Holocausto). Las amenazas a la seguridad internacional deben, por lo tanto, ser neutralizadas incluso a través de ataques preventivos, antes de que se agraven.
Las simpatías de muchos neoconservadores hacia el Partido Likud en Israel y sus posiciones son bien conocidas.
Una f echa clave del neoconservadurismo fue la creación en 1997 de un Think-tank, es decir, un grupo de reflexión, denominado Project for a New American Century ( Proyecto para un nuevo siglo americano), algunos de cuyos miembros ostentarían más tarde posiciones clave en el gobierno de George W. Bush, como el caso del vicepresidente Dick Cheney, del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, además del ya citado Paul Wolfowitz-.
En la visión de Bush y los neoconservadores, el Oriente Medio representa un escenario crucial por varios motivos. Se trata de una región altamente conflictiva, cuya estabilidad es esencial para la economía mundial, por su papel en el suministro de petróleo, en la que tiene su principal origen el terrorismo yihadista, y en la que se hallan situados dos de los tres Estados del "eje del mal", Irak e Irán, y el fiel aliado israelí de EE.UU, muy amenazado por sus vecinos musulmanes. No sorprende que las dos guerras iniciadas por Bush tras el 11-S hayan tenido lugar en la región.
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