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EVITA EN MADRID
Eva Duarte de Perón nació en Los Toldos, Argentina, 1919 y murió a la temprana edad de 32 años en Bu enos Aires en 1952. Era hija ilegítima de Juan Duarte y de Juana Ibarguren, vivió pobremente en su pueblo natal hasta que a los dieciséis años marchó a Buenos Aires. En la capital argentina trabajó como actriz en pequeños locales y en la radio, y a partir de 1935 comenzó a gozar de cierta popularidad. En tales circunstancias conoció al coronel Juan Domingo Perón, e inició con él una relación íntima, casándose con él en 1945. Fue Primera Dama de Argentina entre 1946 y la fecha de su fallecimiento.
En calidad de tal, intentó intervenir activamente en la política argentina, pero su actuación estaba obstaculizada por la prohibición legal que existía para que las mujeres pudieran actuar en política. Perón, Evita y otros dirigentes peronistas planearon una gira internacional para 1947, que pudiera auparla a un primer plano político. Realizó una gran gira europea entre junio y agosto de 1947, incluyendo la aislada España de Franco. La situación de penuria del pueblo español no le era ajena. En Cuando viajó a España, nuetro país pasaba los peores momentos del aislamiento internacional del régimen franquista. Su visita estuvo precedida por la concesión del gobierno peronista al régimen español de un crédito millonario para la compra de trigo, maíz, carne, legumbres, etc.
Desde luego el motivo de la gira era claramente político y social,
pues deseaba ejercer de embajadora de buena voluntad y conocer los sistemas de ayuda social instalados en Europa tras la catastrófica Guerra Mundial con la intención de instalar un nuevo sistema de obras sociales en la propia Argentina, que fuese realmente eficaz.
España fue la primera etapa del largo viaje de Eva Perón a Europa, permaneciendo 18 días en nuestro país. Tuvo como escalas
españolas Villa Cisneros, Madrid, Toledo, Segovia, Galicia, Sevilla, Granada y Barcelona. Es más que probable que a Evita le desagradase la forma con que el régimen de Franco trataba a los obreros y en general a la gente de extracción humilde. No podía olvidar sus orígenes y su depauperada infancia. Con la mujer de Franco, Carmen Polo no mantuvo en ningún momento buenas relaciones, ya que ésta se empeñó en mostrarle lugares como el Madrid de los Austrias y borbónico, y los grandes palacios madrileños, cuando Evita lo que realmente deseaba era conocer los hospitales públicos y los miserables barrios obreros.
La noche del 9 de junio, el día de su su primer encontronazo con la mujer de Franco, el gobierno había organizado una gala en el palacio de El Pardo y allí Evita recibió varios regalos: un tapiz con una reproducción de El Greco, una colección de cerámica toledana, un abanico de oro y marfil, un collar de plata, un mantón de Murcia y perfumes. El programa del día siguiente fue agotador. Por la mañana, con una pequeña comitiva encabezada por el marqués de Chinchilla, la llevaron al Escorial y se lo hicieron recorrer palmo a palmo, sin olvidar el Pudridero, donde yacen los restos de casi todos los reyes de España. A Eva la sorprendió ese inmenso monumento vacío y - a su juicio - desaprovechado, y después de almorzar en el salón de Embajadores hizo el siguiente comentario: -"¿Por qué no dedican este enorme y sombrío edificio a algo útil? Por ejemplo, colonia para niños pobres. Se ven tantos..."
Los
encontronazos entre las dos mujeres fueron constantes. A Franco no le gustó nada la situación y fue consciente, dentro de su habitual perspicacia política, de que las cosas podían complicársele. La visita de Eva Duarte de Perón no era una simple visita de cortesía, ni los resultados que obtuviera de ella serían gratuitos. Y él no estaba acostumbrado a eso, sino al ordeno y mando desde que estalló la guerra civil española, primero desde el liderazgo del denominado bando nacional, y después desde la jefatura del Estado.
En Vigo, ante una multitud que coreaba los nombres de Franco y de ella misma, Eva les espetó micrófono en mano: - En Argentina trabajamos para que haya menos ricos y menos pobres. ¡Hagan ustedes lo mismo!. Franco debió quedarse de uralita, ante el desparpajo de una populista convencida como Evita.
La última noche que Eva pasó en España, Franco le ofreció una cena de gala en el Patio de los Naranjos del Palacio de la Diputación.
Durante la comida una orquesta interpretaba música regional española y, a petición del propio Franco, tangos argentinos. Fuera del palacio la muchedumbre jaleaba su nombre y reclamaba la presencia de la bella y joven visitante en el balcón. Eva ironizó una vez más: -¿Quiere un consejo? - le dijo al Generalísimo - Cuando necesite reunir a una multitud como ésta, mándeme llamar. 
Franco se sentía todopoderoso, pero Evita, a sus 28 años, estaba convencida de que no había cosa que no pudiera hacer ni palabras que no pudiera decir. Franco descansó de seguro, cuando la primera Dama argentina, esa invitada presuntuosa e incómoda, abandonó España. Y seguro que Carmen Polo, todavía más.
De regreso a Argentina, Evita resumió su experiencia española en esta frase:
"A la mujer de Franco no le gustaban los obreros, y cada vez que podía los tildaba de "rojos" porque habían participado en la guerra civil. Yo me aguanté un par de veces hasta que no pude más, y le dije que su marido no era un gobernante por los votos del pueblo sino por imposición de una victoria. A la gorda no le gustó nada".
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