|
LA TRAICION DE DIONISIO RIDRUEJO
Po eta, intelectual y político español. Fue uno de los primeros seguidores de José Antonio Primo de Rivera, afiliándose a Falange en 1933 (escribió
la letra del himno Cara al sol). Durante la Guerra Civil fue Director General de Propaganda en el bando franquista. Fundó junto a Pedro Laín Entralgo y Luis Rosales, entre otros, la revista Escorial (1940), revista que no nació con fines exclusivamente literarios, sino que pretendía ser un ideario falangista partiendo de planteamientos estéticos clásicos. Posteriormente se alistó en la División Azul (1942).
Narciso Perales, Antonio Tovar, Gonzalo Torrente, Alberto Crespo y Ramón Serrano Súñer, seguirían a Ridruejo desde su aparición en Valladolid, en los comienzos de 1937, hasta su renuncia a todos sus cargos, en 1942.
A su vuelta de Rusia, discrepó con el régimen de Franco porque el dictador se comportaba como un gobernante revanchista que se distanciaba constantemente de las directrices de la revolución falangista. El propio
Ridruejo escribió que Franco fingía «la suprema defensa de nuestra generación» mientras entonaba «el cántico de los derechos incondicionales» y predicaba «una especie de revanchismo deportivo, dando a la honrosa tarea del Poder una categoría de pago de gratificaciones».
Oficialmente, la Guerra Civil había terminado y una rápida decepción se adueña de él, un desengaño fascista: no hay revolución joseantoniana; sólo rutina institucional, clericalismo y acomodo pícaro.
Amigos y enemigos (falangistas, monárquicos, católicos, carlistas, tradicionalistas, ...) reunidos a la fuerza en un partido único (la FET de las JONS) que no lleva a cabo la revolución. Comienza para el intelectual un alejamiento doloroso, un proceso de recreación de sí mismo, de reinvención, de purga, proceso incierto.
Su discrepancia la expuso en persona al propio Franco: lo acusó de utilizar a la Falange hasta la traición, le explicó que el mando no legitima todo y que, en lugar de encarnar la revolución, pretendía ser un árbitro entre fuerzas contradictorias, no consiguiendo sino un régimen político impopular que sólo administraba el hambre, cedía ante las presiones eclesiásticas, sostenía una justicia arbitraria y se sostenía gracias a un ejército de estructura arcaica y un aparato policíaco opresor. Rompe así con el régimen franquista en el año 1942 y deja todos sus cargos públicos; es desterrado a la ciudad de Ronda y a San Cugat del Vallés en 1947.
Se dedica desde 1951 en Madrid a dar conferencias luchando por liberalizar el régimen de Franco (algo bastante complicado, en realidad). A pesar de todo, su pertenencia a los antiguos combatientes franquistas, le permite una libertad de actuación que ya hubieran querido para sí los republicanos. Escribe libros, artículos y colaboraciones periodísticas que le permiten subsistir.
En 1956 es encarcelado por participar en un movimiento revolucionario en el que colabora con militantes del PCE sin saberlo, pues estos mantienen en secreto su militancia (entre ellos están el mismísmo Fernando Sánchez Dragó, otro afamado converso, y Javier Pradera).
En 1957 denuncia la situación política en un «informe confidencial» entregado a Franco. Acusado de haber fundado el grupo político «Acción Democrática» se le encarcela nuevamente y se le somete a dos procesos.
En 1962 acudió al Coloquio de Múnich entre dirigentes de la oposición del interior y del exterior, bautizado por la prensa oficial el "contubernio de Munich ".
Su asistencia le costó el exilio y permaneció en París hasta 1964.
En 1974, fundó la Unión Social Demócrata Española, asociación política destinada a convertirse en un partido liberal, pero su muerte, en junio de 1975, y las nuevas fuerzas políticas, que se forjaron en los últimos momentos del franquismo y en los primeros tiempos de la transición española, hicieron que esta formación se diluyera entre otras opciones.
|