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Revista de Historia Moderna
 

NOBLEZA OBLIGA...


"En España, el que más o el que menos ha nacido para marqués". Cuantas veces habremos oído esta expresión sobre nuestros conciudadanos. Y es que "nobleza obliga". Pero es que la frase no se basa en una idea vacía y sin contenido. Tiene raíces históricas. Y nos vamos a situar en la España del siglo XVII, desangrada por las guerras mantenidas durante los largos y agitados reinados de los Austrias mayores en el siglo XVI, contra enemigos de diversa índole: turcos, franceses, enemigos de la fe (me refiero a los diversos grupos de protestantes que inundaron Europa a partir de la reforma luterana),...

Una de las características de la España del XVI, y que se reforzó con el desarrollo del gran comercio y la industria, junto a la explotación de las riquezas americanas, era la de ser un país de salarios altos (al contrario que en nuestros días, comparado con los grandes estados europeos). Tendencia esNobles espaņoles del XVIItructural que se acentuó en el siglo XVII, con una mano de obra más cara y exigente, y más escasa. Los extranjeros calificaban de perezosos a los españoles. Y algunos historiadores actuales van más lejos, pues aseveran que el orgullo hacía de los hispanos valorar la hidalguía, la nobleza, estamento curiosamente excluido la mayoría de las veces del cumplimiento de las obligaciones fiscales. Y digo curiosamente, porque curiosamente, la mayoría de la población española del Barroco deseaba tener el estatus nobiliario, o ya puestos, el eclesiástico, de aquellos que trabajaban poco o nada, que poseían tierras que les procuraban una extensa renta y que estaban excluidos de las exacciones. El español parecía despreciar el trabajo manual y las actividades productivas. Posiblemente se apartaban de profesiones como el comercio y la manufactura para no pasar por judíos conversos.

Según el hispanista Joseph Pérez, la idea esencial en este asunto era que los españoles estaban acostumbrados a cobrar salarios altos, y no estaban dispuestos a a aceptar cualquier trabajo. Si un trabajo les parecía degradante y poco remunerativo, antes que trabajar en esas condiciones preferían vivir al día o de la caridad pública o beneficencia (hoy en día diríamos aquello de "¡prefiero estar en el paro, que por lo menos cobro lo mismo!"). Los empresarios que no estaban dispuestos a pagar salarios altos, plantearon la necesidad de reformar la beneficencia para obligar a los pobres a trabajar por un coste inferior. A comienzos el siglo XVII se decía que trabajo no faltaba, sino trabajadores. Pero después escasearon los empleos, y entonces los parados aumentaron. El grupo más "selecto" de parados eran hidalgos arruinados por la inflación, comerciantes y artesanos en quiebra, licenciados y universitarios que no encontraban un empleo de acuerdo a su instrucción, que rechazaban trabajar con las manos, pero tampoco querían dedicarse a la mendicidDon Quijotead.

En el siglo XVII había un número excesivo de frailes y monjas, funcionarios y estudiantes, todos en mayor o menor medida ciertamente improductivos, o al menos, poco productivos. Los poderes estatales consideraban que puesto que frailes y monjas eran casos perdidos, ya que se dedicaban al servicio de Dios, algo había que hacer con bachilleres y licenciados, como enseñarles un oficio y ponerles a trabajar. El problema es que durante el siglo anterior, la plata americana había creado la falsa ilusión de poder vivir fácilmente de la "sopa boba". Y como alguien tenía que trabajar en este país, donde sus indígenas no querían, hubo que recurrir a la mano de obra extranjera, atraída por las oportunidades laborales y salariales disponibles en la Península. Y es que nobleza obliga... a no trabajar.

 
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