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LOS MONTES DE PIEDAD
Cuando se habla de los orígenes de los Montes de Piedad,
se piensa en Italia y en la labor de los franciscanos. Es cierto que las primeras
fundaciones tuvieron lugar allí y precisamente de la mano de los predicadores de esta
orden. Es en la segunda mitad del siglo XV tiene lugar en
Italia, la fundación del primer Monte de Piedad, cuyo objetivo era facilitar préstamos a un
bajo interés sobre garantías prendarias. Con estas instituciones surgidas a iniciativa
franciscana, se trataba de combatir la usura, práctica habitual entre banqueros y cambistas.
Se diferencian dos tipos de préstamos, en función del destino que
tendrían. Así, el préstamo en el ámbito comercial, el que se realizaba como negocio
mercantil, incluía el cobro de intereses y no era considerado usura; por el contrario, el
préstamo que se solicitaba en caso de necesidad cuyo destino era remediar una situación
extrema no debía ser objeto de incremento alguno con el cobro de intereses, en este caso el
término interés deja paso al de usura, práctica que se opone a la doctrina de la Iglesia,
según la cual no se debe sacar provecho del mal del prójimo.
La preocupación de la Iglesia por el tema de la usura aumenta de forma paulatina, incrementándose de esta manera las condenas que se hacen cada vez más duras
Al margen de las prohibiciones y condenas, se evidencia una necesidad que seguía
sin encontrar alternativa a los prestamistas judíos; una necesidad de liquidez que lleva, en
la segunda mitad del siglo XIII y primera del XIV, a que las ciudades llamen a los
banqueros judíos para abrir sus negocios. Su disponibilidad de dinero liquido les hacia
útiles y les era muy difícil emplear su
capital en otras actividades. Con la predicación franciscana surge la propuesta de los Montes de Piedad como
instituciones de socorro a las clases pobres, a través de préstamos sobre prendas y remarcando su carácter
asistencial.
La primera necesidad cuando se afrontaba una
nueva fundación era la del capital inicial que hiciera posible comenzar la actividad
prestataria.
Un ejemplo español de Monte de Piedad es el Monte de Piedad de Madrid, fundado por el sacerdote aragonés Francisco Piquer el 3 de diciembre de 1702, que se convertirá en la base y modelo para posteriores fundaciones que
fueron extendiéndose paulatinamente por el territori o de la Monarquía española, incluso en los Reinos de
Indias.
Tres siglos han transcurrido desde que el Padre Piquer depositara en una de las llamadas "cajitas de ánimas", la semilla - un real de plata - del más antiguo de los montes de piedad españoles, que nació tomando como ejemplo a los montes de piedad italianos.
La finalidad del Monte de Piedad de Madrid era atender las demandas de las clases sociales más necesitadas de protección, a través de la concesión de préstamos gratuitos, garantizados con alhajas y ropas, e intentando con ello suavizar los abusos de la usura.
Para conseguir su finalidad, el Monte de Piedad de Madrid necesitaba recursos, que obtenía sobre todo de la captación de depósitos en metálico. También obtenía fondos provenientes de limosnas, ayudas de la Corona y de celebraciones religiosas. En los primeros préstamos la figura del fundador fue esencial, y la garantía que
debía suponer su intervención en estos préstamos debió ser suficiente para que el volumen
de solicitudes de dinero aumentara, esto unido a la situación de necesidad que se vivía en
Madrid contribuyó a un rápido afianzamiento del Monte, sin olvidar la protección que las ánimas ejercían sobre la institución.
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