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Revista de Historia Moderna
 

EL VENDEDOR DE INDULGENCIAS

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos.

La indulgencia es parcial o plenaria, según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias. Para lucrar indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado, y hallarse en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas.

EntreMartin Lutero 1513 y 1517, Martin Lutero, fraile agustino alemán explicaba a la gente humilde los Salmos, las cartas paulinas preferidas, Gálatas y Romanos, y la carta a los Hebreos. En estas exposiciones encontramos posturas que más tarde serán los soportes teológicos de su actitud reformadora: críticas a la Iglesia-institución, invectivas contra determinadas formas de piedad, ataques despiadados contra la escolástica, se anuncia el principio de la justificación, es decir, el señorío indiscutible de la Sagrada Escritura.

Por entonces se produce el asunto de las indulgencias. El nuevo papa León X necesita dinero desesperadamente para hacer frente a los turcos, a los franceses, la modernización de Roma y, especialmente, para la nueva basílica de san Pedro, que ha de ser el símbolo de la Iglesia restaurada, y aprovecha la ocasión para vender a Alberto de Maguncia, acumulador de oficios y beneficios, el Arzobispado de Menz. Alberto lo adquiere con un préstamo de los Fugger a ocho años, y encarga al dominico Johan Tetzel, inquisidor de Polonia y Sajonia, extraordinario vendedor de indulgencias y experto en reliquias, aquella predicación especial. Cuando el ejército de comisarios, subcomisarios, predicadores, recaudadores, fuerzas de seguridad, andaba por los confines de Sajonia, en competencia con la riqueza indulgencial que acumulaba el duque elector en su iglesia del castillo de Wittemberg, el 31 de octubre de 1517 Lutero lanzó sus Noventa y cinco tesis, precisamente en la víspera de Todos los Santos, día destinado por Federico el Sabio, elector de Sajonia, para venerar su afamado tesoro de reliquias con millones de días de indulgencias y, por consiguiente, con la recaudación asegurada de grandes cantidades de dinero para las arcas del príncipe elector. Las diatribas lanzadas por Lutero se encaminaban contra la autoridad del papa, los votos monásticos, el celibato, el culto a los santos, dogmas como la transubstanciación, el purgatorio y la eucaristía.

La protesta de Lutero tenía así pues, un carácter teológico fundamentalmenteVendedor de indulgencias. Este documento no es algo nuevo, con anterioridad universidades como la de París habían condenado determinadas exageraciones. Tampoco fue el predicador de esta concesión pontificia más exacerbado que otros congéneres en el anuncio a voces de estas ocasiones de gracia. Las tesis no niegan, la realidad de la indulgencia. El revuelo se levantó porque el ataque se centra en la idea profunda y exigente de la penitencia contra tantas seguridades prometidas, contra la invasión por parte de Roma de jurisdicciones que sólo a Dios estaban reservadas. Pero en esta ocasión se había tocado el poder de Roma y engranajes financieros de aquella operación, que por las motivaciones se podía calificar de escandalosa.

 

Amigos discretos e indiscretos consiguieron que al mes corriesen en latín y en alemán por todo el país las Noventa y cinco tesis, dando fama al hasta entonces oscuro profesor. La difusión que la imprenta consiguió no sólo de las tesis sino también de los posteriores escritos de Lutero, fue extraordinaria. No en vano el agustino la llama regalo divino, el más grande don de Dios , consciente de su utilidad, sin la cual la Reforma hubiese sido absolutamente imposible.

Finalmente, expuso su teoría acerca de la justificación por la fe. En Roma, el papa León X condenó a Lutero con la publicación de la bula "Exsurge domine" a lo que éste contestó tildando de Anticristo al pontífice. La bula era quemada por el monje el 10 de diciembre de 1520 y el pontífice le excomulgaba. El conflicto alemán entre católicos y protestantes estaba servido.

 
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