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Revista de Historia Moderna
 

LLEGAN LOS BOERS

La guerra mantenida durante largos años desde el último tercio del siglo XVI por las Provincias Unidas (Países Bajos) por independizarse del anacrónico yugo español, supuso la expansión comercial y colonial de sus habitantes. En 20 años, extensos territorios del Norte de Brasil e Indonesia cayeron en manos de los holandeses, y liquidaron prácticamente el imperio portugués de las Indias orientales. En 1602, se fundó en Amsterdam la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie), que tuvo como objetivo la explotación y administración de las colonias neerlandesas en el Extremo Oriente.

Las condiciones de vida a bordo de los buques de la Compañía eran extremas, pues los viajes entre Holanda y los establecimientos del Extremo Oriente eran muy largos, y durante la travesía, gran parte de la marinería fallecía a consecuencia del escorbuto, debido a la falta de consumo de verdura y fruta fresca, y la consiguiente disminución en la dieta del aporte de vitamina C. Había que buscar un punto intermedio de aprovisionamiento, y como en Africa, los portugueses ocupaban factorías como Angola y Mozambique, hubo que lanzarse a la búsqueda de otros emporios. Los ingleses habían intJan van Riebeeck en el Cabo de Buena Esperanzaentado establecer una colonia penal en la zona del Cabo de Buena Esperanza.

Así que los holandeses, que a lanzados no le ganaba nadie, enviaron una expedición al mando dal capitán Jan van Riebeeck quien tomó posesión 4 de abril del año 1652 del Cabo de Buena Esperanza en nombre de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. La primera factoría la constituyeron exclusivamente los edificios necesarios para albergar al comandante y a la guarnición. Para su construcción se trajeron esclavos malayos y malgaches. La intendencia y logística se obtuvo de las tribus khoisan de los alrededores, hasta que seguramente la codicia de los europeos provocaron los primeros disturbios. Ante tales acontecimientos, Van Riebeck optó por llamar a granjeros libres europeos (vryburghers) para que cultivasen frutales y verduras y de esta manera hicieran a la colonia autosuficiente. Los primeros colonos fueron en general soldados de la Compañía que después de licenciados, obtenían tierras en la colonia. La colonización de Ciudad del Cabo transcurría exasperante y lenta.

Pero desde 1679, bajo el gobierno de Simon van der Stel se favoreció una expansión de la colonización. El nuevo gobernador fomentó la inmigración europea y la fundación de nuevas poblaciones como Stellenbosch (1680). Pronto comenzaron a llegar no sólo neerlandeses, sino gente originaria de otras partes de Europa, sobre todo alemanes, que escapaban enrolándose en las huestes de la Compañía, de la terrible Guerra de los Treinta Años que asolaba el Imperio germánico, cuyos campos era el tablero de ajedrez donde las potencias europeas dirimían sus cuitas hegemónicas.

El tercer gran aporte poblacional tras holandeses y alemanes, fue el de los hugonotes franceses, quienes salieron por patas de su país tras revocarse el tolerante Edicto de Nantes en 1685 (bajo el reinado de su católica Majestad Luis XIV) , que supuso la expulsión de Francia de miles de calvinistas franceses, que emigraron hacia Prusia, Inglaterra y África del Sur, a reunirse con sus correligionarios neerlandeses. Se instalaron en la colonia de El Cabo, pero sobretodo en Franschhoek y Stellenbosch. El estallido de la guerra entre las Provincias Unidas y Francia, debido a las apetencias expansionistas del rey Sol, hizo temer a las autoridades neerlandesas de El Cabo una población francesa quintacolumnista. Y entonces se les procuró asimilar, prohibiendo la enseñanza en francés y conirtiéndose el holandés en la lengua obligatoria en las escuelas y en la Iglesia.

Los inmigrantes europeos que se asentaron en Sudáfrica fueron escasos, a pesar de todo, ya que la omnipresente Compañía de las Indias Orientales sólo deseaba el númeroSimon van der Stel suficiente de granjeros para suministrar avituallamiento a las naves y a la guarnición de la fortaleza del Cabo y temía que los colonos, si eran muy numerosos, accediesen al control del gobierno del territorio. Pero el hombre pone, y Dios dispone. La suavidad del clima, templado como en Europa, facilitó el crecimiento demográfico biológico de la comunidad holandesa, que hacia 1795 ya había superado las 15.000 personas, lo que conllevó la necesidad de expansión de la colonia.

La ley holandesa prescribía la partición de la herencia a partes iguales entre los hijos del finado,que perjudicaba a los herederos, quienes no podían sobrevivir económicamente con fincas de tamaño reducido. Además la pésima gestión de la Compañía y su gran endeudamiento la llevaron a aumentar sin piedad los impuestos sobre los burghers (habitantes de la colonia). Esta situación llevó a muchos granjeros a la desesperación y a largarse de El Cabo, en busca de nuevas tierras que roturar y de las que poder alimentarse y subsistir: eran los Trekboer (granjeros errantes) o Grensboere (granjeros de frontera), colonos errantes que llevaban una vida semierrante de pastores y agricultores. A los nuevos territorios en los que se asentaban, no llegaba la mano protectora de la Compañía y tuvieron que aprender a defenderse solos. Eran los Boers, afrikáners, afrikaanders, burghers u holandeses del Cabo.

Y, ojo, que las guerras anglo-bóers constituyen otro tema. Aquí solamente he querido destacar el origen de los bóers, quienes, ya a mediados del siglo XIX, emigraron durante el Gran Trek (una especie de gran migración) al Alto Veld donde fundaron sus propias repúblicas.

 


 
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