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Revista de Historia Moderna
 

LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

El origen de la Real Academia Nacional de Farmacia se remonta al año 1589, cuando los Boticarios de la Villa de Madrid constituyeron la Congregación y Colegio de Boticarios del Sr. San Lucas y Nuestra Sra. de la Purificación, con sede en el desaparecido Convento de San Felipe el Real, en la Puerta del Sol, al inicio de la calle Mayor de Madrid. Posteriormente se fundó en 1654 otra congregación de boticarios, la de Nuestra Señora de los Desamparados. A partir de 1700, Felipe V, impulsor de las Reales Academias, convirtió ambas cofradías en Real Colegio de Farmacéuticos con el fin de que se dedicase al "cultivo y adelantamiento de la Farmacia, Química, Botánica e Historia Natural".

Al establecer la nueva institución, los Borbones solucionaban viejas cuitas de los farmacéuticos madrileños, mediante la instauración de un organismo a medio camino entre las viejas estructuras sanitarias gremiales, de gran raigambre en el Reino de Aragón, y los nuevos centros de innovación científica, sin por ello disminuir el poder del Real Tribunal del Protomedicato, una institución que databa de la época de los Austrias y mantenida por los Borbones como organismo principal de control sanitario.

A lo largo del siglo XVIII el Colegio tuvo varias sedes. En un principio se instaló en la calle San Pedro, en el madrileño Barrio de las Letras. En 1745 se trasladó a la calle del Barquillo esquina Saúco -actual calle Prim-, donde también se creó un Jardín Botánico donde se cultivaban las plantas que servían para elaborar las medicamentos a partir de drogas, entendidas éstas como sustancias vegetales simples, base de los compuestos farmacéuticos.

En 1780, la sede del Colegio de Farmacéuticos se trasladó a la calle de Relatores esquina Urosas (hoy calle Luis Vélez de Guevara). Muy pronto, debido al enorme desarrollo de su Laboratorio, el Colegio adquirió otro inmueble, en la calle de Atocha.

A comienzos del siglo XIX, se creó la Escuela de Farmacia de San Fernando, con sede en este mismo edificio de Atocha, hasta que en 1830 finalizó la construcción del nuevo emplazamiento en la entonces calle de San Juan, que unía las calles de Fuencarral y Hortaleza. Su edificación fue sufragada por suscripción popular, entre ellos, muchos boticarios, como era de rigor. Desde ese año se utilizó como Colegio y desde 1845 como Facultad de Farmacia de la Universidad Central, hasta que se construyó la Ciudad Universitaria.

El magnífico edificio de estilo neoclásico no es apreciable en todo su esplendor, debido a la estrechez de la calle en la que se halla situado. Incluso la fachada hubo de adaptarse a la forma curva de la vía. En tiempos, existió un gran jardín trasero, hoy día desaparecido. Por acuerdo municipal, el 11 de enero de 1835 la calle de San Juan pasó a llamarse calle de la Farmacia.

Tras la puerta principal del edificio de la C/Farmacia, nº 11, se accede a un amplio vestíbulo, donde una lápida recuerda el centenario de la inauguración del edificio en el mes de noviembre de 1830. Otra lápida rememora la recuperación del inmueble en 1967 para sede de esta Real Academia, y su reforma veinte años después. Por una bella escalera adornada con algunas de las obras de arte propiedad de la Academia, se asciende a la primera planta, donde se encuentra el solemne Salón de Sesiones, presidido por un retrato del rey Felipe V.

La Real Academia de Farmacia cuenta con su propio Museo de la Farmacia, creado en el siglo XIX y desde 1994 aquí instalado, tras obras de reforma y mejora en las que se adaptó para museo la zona del edificio que tiene su entrada por el nº 9 de la misma calle. Sus colecciones proceden fundamentalmente de la propia Academia, o de donaciones.

Una de las joyas del Museo es la Farmacia abierta en 1876 en la calle del Príncipe nº 13, de estilo neogótico. En 1925 fue adquirida por un farmacéutico que trasladó íntegramente la farmacia, los bellos anaqueles y el botamen incluidos a la población abulense de El Tiemblo. Fue cerrada al público en 1948, fue progresivamente deteriorándose y estuvo a punto de ser derribada. Afortunadamente en 1994 la Real Academia adquirió la vieja botica, con la intención de restaurarla y ponerla en valor. Esto es, musealizarla.

La vieja farmacia de la calle del Príncipe está compuesta de Botica y Rebotica, ambas en madera de pino, con sus anaqueles repletos de botes de farmacia hechos en porcelana blanca y de cristal tallado de diferentes tamaños.

El Museo además cuenta entre sus fondos con varias colecciones, objetos y documentos de la propia Academia, y todo tipo de material relacionado con la Historia de la Farmacia en España: instrumental científico, recipientes variados, siendo especialmente valiosos los de cerámica de Talavera del siglo XVIII, botellas de cristal, una gran colección de minerales, uniformes y trajes de los Académicos, medallas, títulos, diplomas.

El Real Colegio de Farmacéuticos pasó a llamarse Academia Nacional de Farmacia, por Orden del 5 de enero de 1932, emanada del segundo gobierno de Manuel Azaña, en el cual José Giral Pereira, farmacéutico y académico, figuraba como Ministro de Marina. En 1927, la Universidad Complutense de Madrid había comenzado a construir su campus en terrenos cedidos por Alfonso XIII en el distrito de Moncloa, y cuando estalló la Guerra Civil (1936-1939), la nueva ciudad Universitaria, a medio construir, fue escenario de cruentos combates, estabilizándose en esta zona el frente de Madrid. La Facultad de Filosofía y Letras estaba ya por entonces inaugurada, pero el resto de los edificios del campus sanitario todavía a medio hacer. Tras el final de la contienda, se tardaron cuatro años en edificar la nueva Facultad de Farmacia, que continúa en el mismo lugar en la actualidad. La Real Academia Nacional de Farmacia fue trasladada a la calle Campoamor número 18, en espera de edificio propio.

En 1943 la Facultad de Farmacia comenzó su traslado, desde la calle de La Farmacia hasta su nuevo emplazamiento en la Ciudad Universitaria. En 1947 los antiguos locales de la Facultad, adquiridos por cuestación pública, en la que participaron prioritariamente farmacéuticos, fueron cedidos a la Real Academia de Farmacia, que había añadido a su denominación el título de Real, pero todavía no ocupó el inmueble. Habría que esperar hasta 1967, cuando el edificio de la C/Farmacia nº 11, fue reformado y allí fue trasladada definitivamente la Real Academia, donde continúa. Fue declarado Monumento Bien de Interés Cultural en 1997.

Los fines de esta venerable institución son "fomentar la investigación y el estudio de las Ciencias Farmacéuticas y sus afines; asesorar al Gobierno de la Nación, Administraciones públicas, Organismos públicos, Agencia Española del Medicamento, agencias científicas y tecnológicas y a cuantas instituciones públicas o privadas lo soliciten, en todo lo que se refiera a las Ciencias Farmacéuticas y al Medicamento, y cuanto se relacione con ellas y con la promoción de la Salud; y elaborar informes o dictámenes sobre las materias que le son propias."

 
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