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LOS INFANTES DE CARRIÓN
Desde "El cantar de Mío Cid", estos caballeros han salido muy mal parados, por ser
cobardes, rastreros, egoístas, malvados, violentos, y para colmo, más malos que la quina. Y todo por ser leoneses en una obra que canta las excelencias del héroe castellano más grande de todos los tiempos, Rodrigo Díaz de Vivar. Castilla quería y debía desligarse del reino de León para poder vivir su propia epopeya, y el poema del Campeador era una buena forma propagandista de lograrlo. Y para ello, los leoneses, de quienes los Infantes eran representantes, debían pasar por ser los malos de la película.
Según el Can tar, D. Fernando y D. Diego González, primero y cuarto hijos de los condes de Carrión, Don Gonzalo y doña Teresa, pidieron casarse con las dos hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, petición que les fue concedida por el rey. En cierto suceso con un león, en el que aparecía implicado el propio Don Rodrigo Díaz, los infantes tuvieron actitud cobarde y por tal reprendidos. Ofendidos en lo más profundo de su honor y ego, se desquitaron de mala manera, y deshonraron y violentaron a las hijas del Cid en el robledal de Corpes. En el subsiguiente combate de desquite, los partidarios del Cid en representación de su patrón, derrotaron a los infantes, regresando los vencedores con las hijas del Cid a Valencia. Finalmente, las hijas del Cid casaron con los príncipes de Navarra, D. Ramiro, y Aragón, D. Sancho. Hasta aquí la ficción literaria.
Don Ramón Menéndez Pidal, insigne medievalista español, identificó como
personajes perfectamente reales e históricos a los infantes, hijos del conde
Gonzalo Ansúrez, dentro del linaje de los Banu Gómez, condes
de Saldaña y Carrión durante los siglos X y XI. Los infantes presumían en el Poema del Mío Cid de pertenecer a la familia de los Banu Gómez, que desde finaes del siglo IX, y durante más de 200 años, fueron condes por obra y gracia de la generosidad de los reyes de León, que confiaron
el gobierno de
una gran parte de las tierras palentinas desde sus fortalezas de San Román de Entrepeñas,
Saldaña y Carrión de los Condes.
Pero parece que la realidad fue otra, en contradicción con las tesis del maestro Pidal. No existieron los tales Fernando y Diego González. Los únicos que aparecen de la familia de los condes de Carrión con los nombres de Fernando y Diego, son dos hijos de Ansur Díaz, apellidados por lo tanto Ansúrez, y hermanos de los condes Pedro y Gonzalo Ansúrez. Vamos, que mucha consistencia histórica no tienen. Si cotejamos los datos del Cantar de Mío Cid con lo que sabemos del linaje
de Banu Gómez, condes de Carrión, no es posible encajar lo que aquel
dice con hechos históricos contrastados. Es de notar como el juglar autor del Cantar desconoce u obvia deliberadamente el árbol genealógico de los Banu Gómez, pues la
inexactitud de los datos familiares de los supuestos infantes de Carrión es total;
sólo coincide en haber atribuido, no sabemos si casualmente, a sus protagonistas
dos nombres personales, Diego y Fernando, por otra parte muy comunes en la época, que coinciden con dos hermanos miembros del linaje.
Si Menéndez
Pidal admite que los infantes de Carrión del Cantar son los mismos
hermanos Diego y Fernando González, de quienes el juglar afirma
que son “de natura de condes de Carrión” como hijos del conde don Gonzalo Ansúrez, en la realidad histórica, bien documentada en los diplomas de la
época, los dos únicos hermanos que llevan los nombres de Diego y Fernando no
son hijos de Gonzalo Ansúrez, sino hermanos del tal Gonzalo Ansúrez, hijos
los tres del conde Ansur Díaz.
Otra contradicción mayor si cabe entre la historia y la hipótesis de Pidal es que el tal Diego Ansúrez, (no existe ningún Diego González o hijo del conde don Gonzalo), había muerto
aproximadamente una decena de años antes de que el Cid ocupara Valencia, donde tuvieron lugar
las legendarias bodas.
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