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EL PRESTE JUAN
El pr este Juan era un personaje legendario.
Su historia se contaba en tabernas de las ciudades y pueblos europeos medievales. La primera vez que se menciona a este personaje es en la crónica del obispo alemán Otto de Freising,
quien comenta en su "Chronica sive Historia de duabus civitatibus" (Crónica o historia de la dos ciudades) del 1145 que al año anterior se ha reunido con un tal Hugo, obispo de Jabala en Siria, en la corte del Papa Eugenio II en Viterbo. Hugo era emisario del príncipe Raimundo de Antioquía, quien luchaba contra los musulmanes tras la caída de Edesa. Se dice que el consejo de Hugo incitó al Papa a predicar la Segunda Cruzada para la recuperación de Edesa.
Hugo también explicó a Otto en presencia del Papa que Preste Juan, un cristiano nestoriano que era a la vez sacerdote y rey de un territorio más allá de Armenia y Persia, había recuperado la ciudad de Ecbatana de manos de los persas en una gran batalla no hacía demasiados años. Decía que Preste Juan, había decidido recuperar Tierra Santa, aunque finalmente las aguas del Tigris le habían obligado a volver a su remoto reino. Supuestamente Preste Juan sería un rey riquísimo y santo, descendiente de uno de los Reyes Magos.
En 1165 comienzan a circular por Europa copias de la Carta de Preste Juan, envia da por "el más grande monarca bajo el cielo y un cristiano devoto" y dirigida a Manuel Comneno, emperador de Bizancio, Federico I Barbarroja, monarca del Sacro Imperio Germánico, y el papa Alejandro III, carta que revela la existencia de un soberano poderosísimo y hasta el momento desconocido que actuaba siguiendo las leyes de Dios y de Jesucristo y que se autodenominaba Preste Juan de las Indias.
Sus diferentes versiones en muy diversas lenguas, que iban a perdurar hasta el siglo XVI, coincidirán en hacer del Preste Juan no sólo un monarca de tierras lejanas que encerraban maravillas sin parangón de carácter natural e incluso sobrenatural, sino un sacerdote cristiano que deseaba dispuesto a entablar relaciones con Occidente, a fin de coger en una pinza a los estados musulmanes del Próximo Oriente, sus enemigos comunes.
En realidad, la carta parece más bien un cuento maravilloso con muchísimas similitudes con el "Román de d'Alexandre" (colección de leyendas sobre las hazañas de Alejando Magno) y las "Actas de Tomás", lo cual nos indica que es más que probable que el autor del documento conociera esos dos relatos.
El imperio de este rey llegaba a la India, donde había sido enterrado el cuerpo del apóstol Santo Tomás, comprendía las ruinas de Babilonia, la Torre de Babel, e incluso la Fuente de la Eterna Juventud. Pedía al Papa, la cesión de una iglesia en Roma y la concesión de algunos derechos sobre la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, lo que probaba de inmediato su fe inquebrantable en el Dios cristiano.
Muchas de las copias que se propagaron en los reinos europeos eran aún más exageradas y fantásticas que la original:
contaban que en algún lugar del Lejano Oriente habitaban monstruos, dragones, unicornios y extraños seres humanos; este territorio estaba surcado por ríos repletos de piedras preciosas. En el extraordinario castillo del soberano se erigía un gigantesco espejo mágico que «todo veía». En el "Libro de las maravillas" de Marco Polo se relatan muchos de estos fenómenos.
La creencia más divulgada decía que los cristianos nestorianos habían establecido una poderosa mona rquía que estaba gobernada por un sacerdote-rey llamado Juan. Se le consideraba como un príncipe o religioso cristiano que gobernaría un reino situado al Oriente del mundo islámico. Más que una persona sería un título jerárquico. Se la ha identificado con Toghrul, rey del pueblo kerait y hermano de sangre del padre de Gengis Kahn, convertido al nestorianismo y derrotado por el propio Gengis en 1203.
El ascenso del imperio mongol permitió a los europeos visitar tierras que no habían visto antes y fueron muchos los que se aventuraron por el imperio. La creencia de que la supervivencia de los estados cruzados dependía de la alianza con un monarca oriental, explica los numerosos misioneros y embajadores que se enviaron a los mongoles.
Cronistas como Marco Polo, el historiador Jean de Joinville o el franciscano Odorico de Pordenone describieron al personaje de una manera más realista y creíble: Preste Juan dejaba de ser un héroe invencible para ser una víctima más del imperio mongol.
El colapso del imperio mongol volvería a cambiar la imagen de Preste Juan. Las maravillas y los toques fantásticos vuelven a abundar en los relatos sobre el Preste y su posible localización se traslada de las estepas asiáticas a alguna área indefinida de la India o a las montañas del Cáucaso.
Los referentes que hablan sobre la leyenda o existencia de Preste Juan van desde el siglo XII hasta finales del XV, o incluso principios del XVI, e incluso según otras teorías hasta el siglo XVII.
los europeos buscaron su perdido reino con gran ahínco y dedicación en los confines de Asia, India y más tarde, Etiopía. Los devotos cristianos de este estado mítico habían quedado aislados del resto de la cristiandad por paganos y sarracenos.
Otras teorías sitúan el reino de Preste Juan en Abisinia, en Etiopía. Algunos eruditos opinan que la enigmática carta del Papa Alejando III enviada en
septiembre de 1177
habría sido realmente enviada al Negus (rey) de Etiopía. Los escritores de la época llegan a hablar de "Tres Indias" y Etiopiase consideraba una de ellas.
En 1306 el emperador etíope Wedem Arad envió a 30 embajadores a Europa, y Preste Juan fue mencionado como el patriarca de su iglesia. La primera referencia clara de un Preste Juan africano es en la "Mirabilia Descripta" del misionero dominicano Jordanus.
El reino cristiano de Abisinia había resistido con éxito durante siglos la fuerte presión del Islam, y además el Negus combinaba en una misma persona una cierta autoridad espiritual y terrenal. Los eruditos modernos no han encontrado nada en Etiopía que permita identificarla con el mítico reino y han comprobado que jamás llamaron así a ninguno de sus monarcas. De hecho, la primera noticia que tuvieron de Preste Juan les llegó a través de los primeros contactos con los europeos.
El reino de Preste Juan acabó desapareciendo de los mapas, cuando el estudioso alemán del siglo XVII, Leutholf, demostró que no había ninguna prueba que permitiera mantener la conexión entre el m ítico monarca y los reyes etíopes. Pero para entonces la leyenda llevaba varios cientos de años influyendo el devenir de la historia de Europa y del resto del mundo, estimulando a los descubridores portugueses como antes lo había hecho con los viajeros medievales, o animando la actividad misionera de franciscanos y dominicos en Asia Central y China, que tenían la conversión del Kan mongol como su objetivo final.
Otros creyeron ver en el Preste Juan a un descendiente de San Juan Bautista. Las leyendas dicen que era dueño del Santo Grial y que aún estaría vivo en algún lugar perdido del corazón de Asia, quizá en el mismo Shangrilá o en el reino subterráneo de Agartha, bajo la forma de «Rey del Mundo».
Nada claro queda pues sobre el mítico soberano cristiano nestoriano, poderoso gobernante de extensos territorios de Asia, primero o de Africa, después.
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