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AIN YALUT
En febrero de 1258, el nieto del conquistador mongol Gengis Khan, Hulagu, devasta Bagdad, organiza una escabechina en la ciudad y hace ejecutar al propio Príncipe de los creyentes, el Califa abbasida Al-Mutasim. Había finalizado el califato abbasí de Bagdad. El mundo musulmán combate en una lucha desesperada por la supervivencia del Islam.
En enero de 1260, Hulagu realiza otra matanza en Alepo, y poco después está a las puertas de Damasco. Algunos reyezuelos sirios piensan en reconocer la soberanía del Gran Khan e incluso aliarse con él contra los mamelucos de Egipto, enemigos de todos. Los cristianos armenios, con su rey Hetum a la cabeza y su yerno el príncipe Bohemundo de Antioquía, se ponen del lado mongol. Los cristianos de Acre optan por la neutralidad. Pero para todos, la campaña mongola es una especie de guerra santa contra el Islam. Esta impresión se refuerza con el hecho de que el general Kitbuka, mano derecha de Hulagu en Siria es cristiano nestoriano. El 1 de marzo de 1260, tres príncipes cristianos entran vencedores en Damasco, ante el escándalo de los musulmanes: Bohemundo, Hetum y Kitbuka.
Los mongoles ocupan además Nablus y Gaza en Palestina, y Hulagu envía un emisario a El Cairo para pedir la sumisión de Egipto. El emisario es decapitado por los mamelucos, que no bromean ni un pelo. Son sultanes esclavos que gobiernan el país del Nilo, duros e intransigentes, sin escrúpulos, sin compromisos, pero que luchan con valor y eficacia. En diciembre de 1259, un golpe de estado llevaba al poder en Egipto a Qutuz, militar de origen turco, un hombre enérgico que llama a la guerra santa contra el invasor mongol. Y en julio de 1260, un poderoso ejército egipcio se adentra en Palestina.
Qutuz sabe que poco después de tomar Damasco, Hulagu se ha marchado al enterarse de a muerte de Mangu, Gran Khan, para participar en la subsiguiente lucha sucesoria, quedando en Siria unos cuantos miles de jinetes al mando de Kitbuka. El sultán Qutuz sabe que es su oportunidad y conquista Gaza y se dirige a Acre, donde la mayor parte de los barones francos están atemorizados por la brutalidad de los invasores de ojos rasgados. Qutuz se alía con ellos, y Acre aprovisiona al ejército egipcio y permite su paso por sus dominios. Los egipcios avanzaron así hacia Damasco.
En Damasco había estallado una insurrección popular, debido al hartazgo de sus pobladores musulmanes por los abusos de los invasores mongoles. Kitbuka restablece el orden y poco después ambos ejércitos se enfrentan cerca de la aldea de Ain Yalut, el 3 de septiembre de 1260.
El factor decisivo fue la aparicion de la caballeria pesada mameluca que abrió un hueco en las filas mongolas en el calor de la batalla, e inclusive se usó artillería con proyectiles explosivos por parte de los egipcios. A Qutuz le había dado tiempo a esconder la mayor parte de sus fuerzas, y sólo había dejado en vanguardia al más capaz de sus oficiales, Baybars. Kitbuka, mal informado, cae en la trampa y se lanza con todas sus tropas al ataque. Baybars retrocede y mientras es perseguido por los mongoles, éstos se ven rodeados por todos lados pos las numerosas tropas egipcias.
En pocas horas, la caballería mongola es exterminada y Kitbuka, decapitado. Los jinetes mamalucos entran como libertadores en un Damasco alborozado. Es una de las batallas más decisivas de la Historia. Los musulmanes han sobrevivido y vuelven a conquistar todas las tierras que les habían arrebatado los mongoles. Incluso se convierten al Islam los descendientes de Hulagu, instalados en Persia.
la reacción mameluca permite ajustar las cuentas. Ya no habrá tregua para el enemigo, sea franco o mongol. Pero al regresar a Egipto, Qutuz es asesinado por orden de su brillante lugarteniente Baybars, que toma el título de sultán de Egipto.
Los sultanes mamelucos pudieron llevar a cabo una guerra de desgaste contra el ínfimo reino de Jerusalén, que recibía escasa ayuda exterior: Baybars conquistó Haifa, Cesarea y Arsuf en 1265, Safed, en Galilea, en 1266, Jaffa y Antioquía en 1268 y el Krak de los Caballeros en 1271. Sólo la llegada de una expedición al mando de Eduardo, heredero del trono inglés, y el apoyo que consiguió de los mongoles de Iraq, detuvo la ofensiva y obligó a aceptar a los mamelucos una tregua por diez años en 1272.
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