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VAJILLA ATICA EN HISPANIA
A finales del siglo V a.C., y coincidiendo con el fin de la catastrófica guerra del Peloponeso, pero sobre todo durante la primera mitad del siglo IV a.C., las cerámicas áticas inundan las poblaciones ibéricas de la costa, desde Cataluña hasta Huelva, incluyendo las áreas mineras de la alta Andalucía y Extremadura.
Cerámica ática que, desde los puntos de la costa, sigue las rutas hacia el interior, en un período que coincide precisamente con un período de gran esplendor de la cultura ibérica.
La vajilla ática la vemos en los poblados de toda Andalucía, de Alicante a Cartagena con varias rutas terrestres que se dirigen al interior y en los territorios al norte de Alicante, al igual que en Cataluña ( Ampurias continúa las importaciones de cerámicas áticas de figuras rojas y en Ullastret se reanudan las importaciones a finales del siglo V y continúan en el siglo IV, sólo por citar dos ejemplos significativos), e incluso con incursiones hacia el norte, como se ve por los hallazgos de cerámica ática en la desembocadura del Tajo o por el hallazgo de Medellín.
Y es que durante esta etapa, Atenas, derrotada en la guerra contra Esparta arriba comentada, se lanza a una expansión espectacular en ambos extremos del Mediterráneo, a fin de recuperar el terreno comercial perdido en la guerra peloponésica. Las cerámicas que llegan a la Península en esta época son productos de baja calidad, con temas estereotipados en las piezas de fi guras rojas, con pintores frecuentes como los del Tirso Negro (cráteras de campana); el pintor del Grupo de Viena y taller de Jena (skyphoi y kylikes); Pintor "Q" (kylix-skyphoi). Otros productos de estas fechas son los kantharoi y skyphoi de la clase San Valentín.
Completan esta variedad de vajilla de mesa cerámicas barnizadas de negro, muy exitosas entre las poblaciones ibéricas. Son sobre todo copas, como las kylikes de la Clase Delicada y las de labio cóncavo y moldura interna, platos, fuentes y páteras con decoraciones en palmeta y otros motivos.
En la segunda mitad del siglo IV a.C., después del máximo situado en la cincuentena anterior, el volumen importado desciende considerablemente, y aparecen centros cerámicos de barniz negro en Occidente, cuyos productos sustituyen a las cerámicas áticas en el mercado indígena del Mediterráneo occidental, tras la desaparición de los grandes talleres áticos a fine s del s. IV a.C. y la primera mitad del III. Estos productos locales abastecen ahora a las poblaciones peninsulares, desde Cataluña a Murcia. Si no se documentan más al sur, puede ser consecuencia del tratado romano-cartaginés del 348 a.C., que sitúa el límite de ambas influencias en Murcia. La desaparición de estas cerámicas de sabor local se produce con la Segunda Guerra Púnica. Ahora son los romanos quienes imponen sus cerámicas campanienses fabricadas en el área de Nápoles, que abasteceran al mundo indígena hispano desde fines del s. III a.C,
hasta la llegada de la terra sigillata.
También hay que considerar como cerámica de importación la cerámica gris ampuritana o massaliota que se extiende por la costa oriental y el Sudeste.
La cerámica griega constituyó la vajilla de lujo de los iberos, que desplaza en las tumbas de los personajes más importantes a la cerámica ibérica pintada de mejor calidad. Su imitación por los iberos tuvo muy poco éxito, pues resultaba muy compleja para ser copiada por los artesanos locales.
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