|
LOS MACABEOS
La opresión del pueblo judío entra en su etapa más crítica con el advenimiento del seleúcida Antíoco IV Epífanes, es decir, "manifestación divina" (175-164 a. C.). Este rey helenístico saqueó el Templo de Jerusalén, y edificó en la Ciudad santa una fortaleza, donde instala un destacamento de guardia permanente. Luego promueve un vasto proceso de helenización de las costumbres y prácticas religiosas locales. Proscribió la Ley de Moisés y sustituye por la legislación del Estado. Los judíos debían adorar y aceptar a los dioses griegos o enfrentarse a una durísima represión.
La observancia del descanso sabático y la circuncisión quedaron prohibidas bajo pena de muerte.
Esta política de Antíoco encuentra colaboradores entre los judíos de las élites hebreas, incluso entre los sacerdotes. Muchos, en cambio, prefieren afrontar la persecución y la muerte antes que renegar de su fe. Otro grupo, finalmente, se inspira en el recuerdo de los antiguos héroes nacionales y elige el camino de la resistencia armada. A este grupo pertenecen el sacerdote Matatías y sus hijos, fieles a la fe de sus antepasados. Uno de los hijos, Judas, apodado
Macabeo (= martillo), se convirtió enseguida en el jefe carismático de estos grupos de resistencia.
Comienza la lucha entre los "judíos piadosos" (jasidim) contra los judíos helenizantes.
El ideal que inspiraba a los Macabeos se encontraba en la tradición de los Profetas bíblicos y en la esperanza del cumplimiento de sus promesas. El pueblo judío soñaba no sólo con la independencia nacional, sino con el sometimiento de los pueblos paganos que habrían de venir a Jerusalén para prestar vasallaje.
En diciembre del 164 a.C., Judas Macabeo logró reconquistar Jerusalén, excepto la fortaleza
de Acra. Como primer acto, en noviembre-diciembre del 164, hizo que se consagrara
de nuevo el templo profanado y que se reanudara el culto interrumpido. Aquel
mismo año muere Antíoco IV en campaña y Judas
consigue de su sucesor, Antíoco V, ocupado por los problemas de la sucesión, un edicto de
tolerancia para los judíos.
Entretanto en Jerusalén se habían reavivado los contrastes ya vistos a propósito del cargo de
sumo sacerdote, ostentado hasta entonces por el filohelenista Menelao, al que los Macabeos
pretendieron en seguida eliminar. La facción helenista apeló a Demetrio, sucesor de Antíoco V,
quien, en 161, envió como sumo sacerdote, a un tal Alcimo que de hecho consiguió dividir a los
judíos. La parte más conciliadora y pacifista del movimiento macabeo aceptó a Alcimo como nuevo
sumo sacerdote, mientras que el ala más intransigente lo rechazó, viéndole como una imposición del
rey Demetrio. Aprovechando estos contrastes, Demetrio reanudó la política represiva de Antíoco
IV, esta vez con una campaña militar en gran escala. En el curso de esta campaña muere Judas
Macabeo, en el 160 a.C., en un choque con las tropas de Báquidas, general de Demetrio.
Al frente del movimiento de resistencia se coloca Jonatán (160- 143 a.C.), uno de los
hermanos de Judas, muerto a traición en el 143 a.C., después de haber conseguido establecer alianza con Roma.
Le sucedió un tercer hermano, Simón (143-134 a.C.), que consiguió mantener el cargo de
sumo sacerdote, haciéndose reconocer por el rey seléucida Demetrio II. puede concentrar en sus manos el poder civil, el religioso y el militar, y logró
obtener para Judea una independencia efectiva, alejando definitivamente a los seléucidas. También
Simón terminará asesinado, esta vez por un pariente suyo, en 134 a.C.
El sucesor, su hijo Juan Hircano I, puede ser considerado como el fundador de una
verdadera y auténtica dinastía, la de los Asmoneos, la primera después del destierro babilónico. El movimiento macabeo, nacido de un deseo de
rebelión y resistencia contra el dominio seléucida, se fue poco a poco transformando a su vez en un
instrumento de dominio.
|