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DECÉBALO EL DACIO
En el tiempo en que Decébalo se hizo con el poder, Dacia (más o menos corresponde con el actual territorio de Rumanía) estaba dividida en cuatro o cinco pequeños Estados. Diurpanneo-Decébalo consolidó el estado dacio alrededor de la ciudad de Sarmizegetusa.
Desde el año 85 d.C., los dacios comenzaron a atacar la fuertemente fortificada provincia romana de Moesia, situada al sur de Danu bio (esta región corresponde actualmente al norte de Bulgaria y noreste de Serbia).
Ante tamaña afrenta de que un grupo de bárbaros se atreviese a hostigar con frenesí checoslovaco al todopoderoso Estado romano, el emperador Domiciano, en 87 envió un ejército de 5 legiones al mando de su prefecto de la Guardia Pretoriana Cornelio Fusco, derrotado en Tapae en una emboscada tendida por las fuerzas de Decébalo, y donde halló la muerte el propio comandante romano. Tras este combate, el rey dacio, conocido hasta entonces por los romanos como Diurpanneo, mutó su nombre por Dekebal ("fuerte como diez hombres"), que latinizado es Decebalus.
En 88, de nuevo los romanos fueron derrotados en la misma zona de Tapae por los dacios, que empezaban a ser algo más que un forúnculo en el trasero. Además, algunas tribus germanas se levantaron en la zona del Rhin, y para aplastar la rebelión, hubo que traer tropas desde Moesia, circunstancia aprovechada por los dacios para campar a sus anchas por la región. Finalmente, Roma compró la paz con dinero a los dacios, e incluso envió
ingenieros y arquitectos para embellecer y fortalecer la capital dacia de Sarmizegetusa, en un humillante tratado firmado en el año 89 d.C., que no se sostenía en sí mismo, pues Roma no podía permitir una situación de este calibre durante mucho tiempo.
En efecto. Desde que Trajano accedió al poder en 98, se dedicó a preparar minuciosamente una serie de campañas que acabasen con esta situación anómala desde e l punto de vista romano. Decébalo había roto en varias ocasiones la tregua pactada con Domiciano. Hostigaba una y otra vez el territorio romano. Trajano estaba más que harto de la situación. Pero lo que en realidad deseaba el emperador era hacerse con las materias primas que abundaban entre la orilla norte del Danubio y los montes Cárpatos: el oro y la sal.
Trajano avanzó contra la capital, pero Decébalo atacó la Moesia para distraer la ofensiva romana. Trajano tuvo que recular y frenar la invasión dacia de Moesia, lo que consiguió con la batalla de Adamclisi. Decébalo retrocedió y, asediado por Trajano en Sarmizegetusa, no tuvo más remedio que claudicar, de momento. Dacia quedo convertida en un Estado tributario y aliado de Roma, con varias legiones atrincheradas en su territorio.
En esta primera campaña, Trajano fue misericordioso, y trató honorablemente a los pueblos vencidos. Pero el ser cliente de Roma no le hizo mucha gracia a Decébalo,
quien, tres años después aniquiló otra vez a las tropas romanas establecidas en Dacia. Trajano volvió a las andadas y dirigió personalmente la nueva campaña de Dacia, de gran violencia y mortandad.
Esta segunda guerra dacia se caracterizó por su brutalidad extrema, una autentica guerra de exterminio en la que los prisioneros fueron ejecutados o esclavizados y se practicó la táctica de tierra quemada con los vencidos.

Tras un largo asedio a la capital Sarmizegetusa y una prolongada guerra, contada en imágenes a modo de cómic en la famosa columna de Trajano en Roma, Decébalo fue obligado a suicidarse el 106, cuando era perseguido por las tropas romanas. Esta es la versión de Dión Casio, quien afirmó que el rey dacio se suicidó cuando la derrota ya era inminente, y que su cabeza fue llevada a Roma como testimonio de la victoria.
En los relieves de la Columna de Trajano, Apolodoro plasmó este acontecimiento, reproduciendo la figura del rey dacio que se degollaba a sí mismo con la espada curva de los Dacios.
Con la derrota dacia, Trajano extendió el poderío romano más allá del Danubio,
supuso la creación de una nueva provincia y, sobre todo, comenzó la inmisericorde explotación de los recursos del territorio, entre los que destacaban especialmente sus minas de oro, según Pilar González-Conde.
También se descubrieron los tesoros de Decébalo, escondidos bajo el río Sargetia que discurría más allá de su palacio.
Gracias a este aporte extra de recursos económicos, Trajano impulsó un enérgico programa de construcciones monumentales y de servicios, factores clave en su gobierno. Además, para celebrar la victoria sobre los dacios, ordenó 123 días de festejos en los que 10.000 gladiadores vertieron su sangre en la arena.
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